“Wish You Were Here” cumplió 40 años

El 13 de septiembre de 1975 fue editado y publicado “Wish You Were Here”, el noveno álbum de estudio de la legendaria banda británica Pink Floyd. Grabado completamente en los estudios Abbey Road de Londres, este disco expresó la relación atormentada con la repentina fama que les provocó su anterior obra maestra, “The Dark Side of the Moon”, y la depresión de los integrantes del grupo por el deterioro físico y mental de su antiguo líder y frontman, Syd Barrett, quien durante 1967 comenzó una brutal caída en la locura fomentada por el consumo desenfrenado de LSD.

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Un Roger Waters aturdido por la fama reposando la cabeza en sus brazos sobre la consola del conocido estudio de la calle Abbey en Londres. Del otro lado del cristal, David Gilmour rasgando las doce cuerdas de su Takamine improvisando acordes para su próxima composición. Nick Mason y Richard Wright afuera, en la escalinata, fumando y hablando sobre quién sabe qué.

La banda había alcanzado el oro en materia discográfica con el formato de “The Dark Side Of the Moon” en 1973 que logró mantenerse en el ranking Billboard por 741 semanas, pero sin embargo buscó separarse de ese concepto tan innovador que propuso basado en melodias enormes, compuestas de experimentos con sintetizadores y collages de sonidos, para acercarse a una idea diferente en el estilo musical. Cada una de las canciones de este longplay tiene su género propio a pesar de que entre una y otra no hay silencios, desde el blues austero que David Gilmour ideó para “Shine On You Crazy Diamond” hasta el country moderado de la canción que le da el nombre al disco.

El primer tema, “Shine On You Crazy Diamond” es la propuesta inicial y la que determinó el concepto del disco como un material aferrado a la idea de la ausencia que deja una pérdida y que luego Waters la definió como “una melancolía indefinible e inevitable por la desaparición de Syd”.

Una anécdota recuperada en el especial coleccionista de Pink Floyd lanzado por la revista Rolling Stone recuerda una noche en que el grupo original –con Barrett y sin Gilmour- regresaba de uno de sus primeros conciertos en 1967 y donde se armó una discusión sobre lo que sería el futuro de la banda. En medio del debate, alguien dijo: “a la mierda con el arte, lo único que importa es la plata”, a lo que Barrett contestó: “No deberías decir eso. Yo estudié arte durante siete años. Es importante. Es lo que más importa”.

“Welcome to the Machine” y “Have a Cigar”, la segunda y tercera canción del álbum respectivamente, siguen la visión que Barrett tenía con respecto a la industria de la música y son una fuerte crítica a la comercialización de la expresión artística en todos sus sentidos. “¿Qué soñaste? No importa. Te diremos qué debes soñar. Bienvenido a la máquina” es una parte de la letra de “Welcome to the Machine”, canción compuesta por Waters al igual que las demás.

“Wish you were here”, la cuarta canción del longplay rompe con el estilo musical de las demás aunque mantiene el concepto. David Gilmour con una guitarra de doce cuerdas logró ponerle armonía a la letra de Waters que ponía en cuestión nuevamente la idea de ausencia y el deseo de llenar ese vacío.

La segunda parte de la divida “Shine On You Crazy Diamond” es el marco perfecto para darle cierre a un álbum que estuvo a la altura de la circunstancias. El fenómeno que causó “The Dark Side of the Moon” suponía una especie de presión sobre el conjunto con respecto a sus futuros proyectos y a pesar de la tensa relación entre Gilmour y Waters, la banda creó un material inédito para la época y para su filosofía.

Bruno Grappa.-